miercuri, 16 martie 2016

OLC. CLH. HLC 50 / 2016



“Horizonte literario contemporáneo”.
Una mirada retrospectiva

por Daniel Dragomirescu

El año que pasó fue para nosotros un paso adelante en una dirección de evolución ascendente. Como importantes logros nombramos la quinta edición de la Primavera Intercultural de Bucarest en abril 2015, donde tuvimos como invitados colaboradores de marca del país y del extranjero (Lucian Chişu, Dan Mircea Cipariu, Anna Rossell Ibern, Matthias Erdbeer, Ronnie Smith, entre otros) y las lecturas públicas de “Open Art Library”, que tuvo como invitados y protagonistas al poeta y editor Paul Sutherland de Gran Bretaña (abril 2015) y al poeta y profesor universitario Andrés Morales de Santiago de Chile (octubre 2015). Las seis publicaciones de nuestra revista que fueron programadas en 2015 (desde las ediciones 45 hasta las de 50) fueron realizadas a tiempo y en buenas condiciones. Con el número 6/2015 tuvimos la satisfacción de celebrar no menos de 50 apariciones del HLC desde mayo 2008, la fecha del nacimiento de nuestra revista, en Yassy y Vaslui y hasta los fines del año pasado. En los siete años de existencia, la componencia de nuestro equipo editorial ha sufrido una serie de cambios inherentes por un período tan largo. Algunos colaboradores y amigos no pudieron llevar más el compás y se retiraron (Anna Elsner, Rodolfo Chavez, Peter Hart, Rosetta Savelli, Alina Miron, Lidia Vianu), pero otros les tomó el lugar: Monica Manolachi, Roxana Doncu, Iulia Anghel (Rumanía), Zelkija Lovrencić (Croacia), Dante Gatto, Gilvaldo Quinzeiro (Brasil), Leone D’Ambrosio (Italia), Kees van Meel (Holanda), Matthias Erdbeer (Alemania), Ludvig Holmdahl (Suecia), Martin Sosa Cameron (Argentina), entre otros. Nos alegra el hecho de que HLC sigue siendo una revista de todas las generaciones, así como no muchas revistas de hoy en día pueden serlo. En HLC no existe un maniqueísmo de las generaciones, así como tampoco existe una dictadura de una doctrina literaria que solo quiere reconocer lo que aparece como la cama de Procusto, manierista y estilístico, olvidándose que los modelos de cualquier tipo son efémeros, destinados a satisfacer vanidades coyunturales y que queda solo lo que es auténtico, tratándose de un bien material o espiritual. Junto con nuestros seniores y venerables, a los que estimamos y queremos (los octogenarios o casi octogenarios Martin Bates, Katherine Gallagher, Sally Evans, Mike Bannister, Julia Gil Lopez, Ion Lazu, Gabriel Dimisianu, Jean Taillabresse, BurtRashbaum, Peter Storey) nos alegra muchísimo la sincera y entusiástica adhesión de unos autores, amigos y colaboradores que están al principio de sus carrera, que encontraron en nosotros un ambiente abierto y un lugar donde hacerse conocidos, como Daniel Bărbulescu (poeta principiante, estudiante en la Facultad de Letras en Bucarest y traductor), Iulian Trandafir (traductor), las estudiantes hispanistas Ana-Maria y Aurelia Ionela Voicu; y del extranjero, Charlotte McDermott (Gran Bretaña ), Portia Burton (estudiante en Cambridge y poetisa), Julian de la Torre de Buenos Aires (poeta con un libro ya publicado y estudiante), entre otros que siempre vienen de atrás. De la generación media , HLC disfruta igualmente de la colaboración y amistad de muchos autores (poetas, prosadores, ensayistas, periodistas, traductores) del país y del extranjero. Cabe una especial anotación para esos redactores colaboradores, cuyos nombres han aparecido en las casillas editoriales desde hace mucho tiempo, como prueba de una manera constante y profesionista de actividad. Aunque ninguno de ellos no es el nieto de un gran filántropo del planeta, nuestra revista les debe de manera importante el apoyo y la persistencia. Por la forma ejemplar de la que han contribuido al progreso de la revista, los profesores universitarios y los autores Peter Thabit Jones (Universidad de Swansea, Gran Bretaña), Donald Riggs (Universidad de Drexel, Philadelphia, Estados Unidos), Dante Gatto (Universidad de Estado de Mato Grosso, Brasil) y Andrés Morales (Universidad de Santiago de Chile) se han convertido este año en directores honoríficos, junto con el hispanista, el poeta y el prosador Mihai Cantuniari, fondador de la revista, Tatiana Rădulescu (poetisa, prosista y miembro de USR - la Unión de los Escritores de Rumanía), Luis Benítez (poeta, prosador y crítico de Buenos Aires) y Gilvaldo Quinzeiro (Caxias, Brasil). Es un lugar exótico el que ocupa, entre nuestros amigos del mapamundi, el señor Manzoor Parwana, periodista de inspiración cívica y líder político de GBUM (Gilgit Baltistan United Movement, un movimiento del este de Pakistán, que lucha para la independencia de la provincia Gilgit Baltistan, desde las cumbres de las montañas Himalaya), que se interesó por nuestra revista y ha sido publicado en ella muchas veces. Dirigimos un pensamiento pío en respeto a la memoria del poeta holandés Hans van de Waarsenburg (1943 – 2015), famoso en su país y del escritor mexicano Manuel Ameneiros González (1949 – 2013), que fueron a nuestro lado hasta en los últimos días de sus vidas, aunque nunca pudimos encontrarnos físicamente en ninguna de nuestras manifestaciones interculturales, organizadas empezando con 2010. Pero aún en estas condiciones, ellos fueron una presencia muy viviente dentro de nuestro equipo. El espacio limitado y la paciencia fatalmente limitada de los lectores no nos permite mencionarlos aquí a todos los colaboradores y nuestros amigos del país y extranjeros que aportaron y siguen aportando una contribución de mucho valor en nuestra opera de la prensa y editorial, pero les remitimos nuestro más sincero agradecimiento. Es un verdadero honor tenerlos a nuestro lado y los aseguramos de que los estimamos a todos a su valor justo.

La colección de libros “Bibliotheca Universal” publicados bajo la égida de nuestra revista, tuvo un remarcable desarrollo en 2015. Si en la segunda parte del año 2014 fueron publicados 14 libros de unos autores del espacio europeo y fuera de él, en 2015 fueron editados 56 de volúmenes bilingües (en rumano, italiano, francés, español, portugués, alemán, inglés y hasta en catalán y escocés) con estudios introductorios y todo el aparato crítico necesario. Estos volúmenes se difunden en todo el mundo, fueron mostrados en varias presentaciones de libros y fueron el tema de unos artículos, recensiones y entrevistas de la prensa internacional. Desde 2014 hasta los fines del año pasado, bajo la égida de la colección “Biblioteca Universal” ya habían aparecido 70 libros, entre las cuales “ Histories and Happenings. Historias y hechos” de Donald Adamson (Finlandia), ‘’La primavera del poeta” de Martin Bates (Gran Bretaña), “A Suffi Novice in Shaykh Effendi’s Realm .Un novato sufista en el reinado del jeque Effendi” de Paul Sutherland (Gran Bretaña), “ Over Fifty Billon Kafkas Served. Más de Cinco Billones de Kafkas Servidos” de Alex Kudera (Estados Unidos), “Die Fallstricke des Interimsmenschen. La trampa del hombre pasajero” de Raymond Walden (Alemania), “Alma escarchada” de Anna Rossell (Cataluña), “Santiago bajo cero ” de Theodoro Elssaca (Chile, el Premio Internacional de Prosa “Mihai Eminescu” en Craiova), “Musiche per l’oblio. Música para el olvido” de Ettore Fobo, “A Ferida e outros poemas. La herida y otros poemas” de Dante Gatto (Brasil), “Bleeding Reliefs. Relieves ensangrentados” de Albert Hagenaars (Holanda), “Open Roads and Secret Destinations. Caminos abiertos y destinos secretos” de Morelle Smith (Gran Bretaña), “Made of Words. Hecho por palabras” de Donald Riggs (Estados Unidos), “Brownian Life. Vida browniana” de John Tischer (México – Estados Unidos) y otros a quienes ya no podemos mencionar aquí para que no convirtamos este presentación en una larga letanía. Pero evidenciamos el valor por encima de la media de la mayoría de los libros que hemos editado hasta en el presente, respectivamente de los que los escribió. El hecho de queestas cosas son menos conocidas y apreciadas por un largo público no se debe a nosotros sino a las posibilidades mediaticos y de diffusion reducidas. Las revistas y los libros publicados en tirados sacados en el principio de la gota china se publicaron y se han distribuido y se distribuyen en varios países. Disfrutamos de una gran admiraciónen Gran Bretaña, en las Islas Canarias, en México, Brasil, Argentina y Chile. Tras la representación cultural del Ministerio Rumano de Asuntos Exteriores de Santiago y la colaboración del consejero cultural Dan Florescu, hemos seguido en una buena relación con la Fundación Iberoamericana de la capital del estado suramericano. En el verano del año pasado, en la ciudad Callander de Escocia Neil Leadbeater, Sally Evans y Morelle Smith se juntaron para presentar al público sus libros de la “Biblioteca Universal”, y la ayudante Monica Manolachi, redactora de nuestra revista fue presente, también durante el año pasado, 2 veces en Londres, donde se encontró y realizó una entrevista con la poetisa britanico-australiana Katherine Gallagher. En Italia, Michela Zanarella y Claudio Sottocornola disfrutaron de la atención del mass media de la Peninsula, que publicó artículos de sus libros aparecidos en la “Bibliotheca Universalis”. Caroline Gill de Gran Bretaña publicó una recension del volumen “El hombre verde” de Mike Bannister. “Diario de Caxias” de Brasil, relacionado con el periódico “Obiectiv de Vaslui”, publica incesante notas y artículos dedicados tanto a la revista, como a nuestro colaborador, Gilvaldo Quinzeiro, que logra promovernos de una manera excelente, incluyendo tras la television y el colegio donde el da clases, junto al público local.

El proyecto de la “Bibliotheca Universalis” sigue tambiénen el año 2016, cuando va a llegar a cien libros publicados. En el otoño va a ser una manifestación interesante dedicada a los Días Culturales Rumano-Croatas, dentro de la cual, junto con la Sociedad de los Escritores de Croacia y la hispanista Željika Lovrencić de Zagreb, presentaremos el libro “El Tigre. Tigrul” del venerable poeta croata Tomislav Marijan Bilosnić, él también publicó en “la Bibliotheca Universalis”. Mientras tanto, va a ser publicada también una antología de los poetas croatas, en rumano, croata y español. Más cerca del presente, la sexta edición de la Primavera Intercultural de Bucarest será el 9 de abril – bajo la égida de nuestra revista y del Museo Nacional de la Literatura Rumana – , donde van a ser presentes tanto autores del país, como también los autores Matthias Erdbeer (Alemania) y Morelle Smith (Escocia), que presentarán sus libros de “la Bibliotheca Universalis” a nuestro público (y así nos damos cuenta de que este denominación es un leitmotivo).

Pero los que piensan que somos un club algo exclusivista y que producimos cultura como exporte no tienen razón. En las páginas de nuestra revista han sido, desde el principio, publicados y promovidos varios poetas del país (conocidos o en proceso de ser conocidos) y la “Bibliotheca Universalis” está abierta también para ellos. Los esperamos a todos con pan, flores y sal en Bucarest, en la Primavera Intercultural 2016.

Bucarest, Diciembre de 2015

Traducere de Ana-Maria Voicu și Aurelia Ionela Voicu
Universitatea din Bucureşti

sâmbătă, 12 martie 2016

BRITISH HORIZONS: MIKE BANNISTER (UNITED KINGDOM)


The Misfortunes of War

  That summer, Charles began major excavations at the foot of the garden. A pit appeared, 5 or 6 foot deep, with vertical sides. The days were rainy and damp.
  One afternoon, while he was away ‘at work’ in the hospital, I peered over the brink, and was interested to see how many frogs had found their way down there. Dozens of them, green and yellow, immobile, wide‐eyed stared back at me. I crawled forward for a better view; and then ‐ catastrophe. I felt myself falling through space, to land upside down and with a jarring thump on cold clay.
  I was alone and badly shaken, staring, close‐range now, at the silent froggy company. I began to moan. After what seemed like ages, Bert Hickson, came from Number 9, his beloved briar pipe clenched in his jaw. He peered at me awhile, then said, in his
Lancashire way, “Eeh ! Sausage, you’re in trouble, wait a while”.
  I stopped moaning. He vanished, then reappeared, ladder in hand. Soon I was rescued, carted up to the house and put into the bath, to a mixed chorus of comfort and scolding from a distracted Marcella.
  Day by day, the Frog Pit was transformed. It became a corrugated steel Anderson Shelter, with a sloping ‘L’ shaped blast‐proof entrance, and a soakaway beneath a stout planked floor. There was a brown handled entrance door leading to 3 steps down. Inside were 2 bunk beds, a chair, a chanty (potty), and a box of candles. The walls were painted with deep green paint, intermixed with sawdust for ‘texture’ and to limit condensation. Above, this secret cell was heaped over, with earth and sandbags. What was it for, exactly? I would soon be left in no doubt.
  The bombing of cities and harbours had, by this stage, well and truly begun. Night after night the drone and whistle of aircraft, and missiles, became commonplace things. At the Danillo Cinema in Longbridge and on the wireless, we were educated into the realities of war. On ‘Pathe Pictorial’ newsreels I saw fire consume the East End of London. Whole buildings aflame and falling forward.
  Once we stood on Cofton Park, and looked across to see Birmingham, our own City, on fire with falling planes, barrage balloons in flames, and tracer bullets cutting through the red smoke‐haze. The noise was fearful on every side; pandemonium on the loose. This was not Pathe film, or make believe. It was the real destruction by fire, of the world I was only just getting to know. The whole experience was a living nightmare. The effect of such violence, on the green minds of young people, then as now, seems never to have been worked out.
  Heading south from sorties on the industrial heartlands, ‘enemy’ bombers would sometimes discharge their lethal cargoes close to home. One dreadful night after the Air Raid Warning siren had sounded, Dave and I were rushed from our warm beds, down the garden path, to The Shelter. The bunks were made up. Candles were lit, and our sleepy eyes began to adjust to the gloom. Elsie Marcella went back home again to fill the thermos flask, and Charles to collect more cushions.
  Sometime after they left us, there was a thundering blast close by. Everything shook, jolted, as if an earthquake, suddenly, had come and gone; for a terrible instant, I re‐imagined the burning horror of the Pathe News. Where were they, our Mom and Dad ? Had they burned alive out there? I wailed. Brother Dave tried to calm me. Then the shelter door swung back, and to our relief, Mom appeared, flask and sandwiches in hand. There was silence and a long delay, then some muffled grumbling in the entrance tunnel. Charles appeared in full Bud Abbot mode. He dropped his bundle and clowned, ruefully, about how the blast had hurled him into his precious flower bed, had squashed his beautiful Delphiniums, and plastered the seat of his best striped pyjamas with thick red mud. He was incensed, ‘UP IN ARMS’ (literally) and ‘THAT B****Y ADOLF’ was to blame !! Out of our confusion, he won some tired giggles. We settled down to a late supper, and waited for the dawn of day (...)


Nenorocirile războiului

  În acea vară, Charles a început sa facă săpături majore în capătul grădinii. A apărut o groapă, adâncă de 5 sau 6 picioare, cu pereți verticali. Zilele erau ploioase și umede.
  Într-o după-amiază, în timp ce el era plecat „la muncă‟ la spital, mi-am  aruncat privirea peste marginea gropii, fiind interesat să aflu câte broaște își găsiseră drumul spre fundul ei. Duzini de batracieni, verzi si galbeni, nemișcați, se holbau la mine cu ochi mari. M-am târât înainte pentru a vedea mai bine, și apoi – catastrofă – am simțit cum mă prăbușesc în gol și am aterizat cu fundul în sus, cu o bufnitură dură pe lutul rece.
  M-am trezit singur și bine zguduit, holbându-mă, acum de aproape, la compania tăcută de broaște. Am început să gem. După o perioadă de timp care mi s-a părut enormă, Bert Hickson a ieșit de la Numărul 9, cu fălcile încleștate pe multiubita lui pipă de măceș, și a zis, în  stilul lui de Lancashire:
   - Hei! Cârnatule, ai dat de belea, așteaptă nițel.
  Am încetat să mai gem. A dispărut, ca să reapară  apoi cu o scară în mâini. În curând am fost salvat, cărat pe sus în casă și pus în baie, într- un amestec de alinări si dojeni din partea unei Marcele tulburate.
  Zi după zi, Groapa Broaștelor era transformată. A devenit un Adăpost Anderson de oțel ondulat, cu o intrare antideflagrantă în forma de L înclinat și un puț de drenare dedesubtul unei podele de scânduri solide. Era o intrare maronie cu clanță, ce conducea la 3 trepte în pantă. Înăuntru se aflau două paturi suprapuse, un scaun, o oliță de noapte și o cutie de lumânări. Pereții erau zugrăviți cu vopsea verde-închis, amestecată cu rumeguș pentru textură și pentru reducerea condensului. Deasupra, această celulă secretă era acoperită cu pământ și saci cu nisip.  La ce folosea, exact? În curând aveam să aflu negreșit.
  Până în acel moment, bombardamentul orașelor și al porturilor începuse la modul cel mai serios. Noapte după noapte,  huruitul și șuieratul aparatelor de zbor și  rachetele au devenit lucruri obișnuite. La cinematograful Danilo din Longbridge și la radio eram educați despre realitățile războiului. La jurnalul de știri de la Pathe Pictorial am văzut cum focul a mistuit cartierul East End al Londrei.
 Odată stăteam in Parcul Coftoon și privind de-a curmezișul am văzut Birmingham, propriul nostru oraș arzând, cu avioane ce se prăbușeau, baloane de baraj în flăcări și cartușe trasoare străbătând ceața roșie fumegândă. Zgomotul era înfricoșător din toate părțile –  un haos complet. Acesta nu era un film Pathe sau o ficțiune. Era distrugerea reală, prin foc, a lumii pe care abia începusem s-o cunosc. Întreaga experiență era un coșmar real. Efectul unei asemenea violențe asupra minților fragede ale tinerilor, atunci ca și acum, pare să nu se fi șters niciodată.
  Îndreptându-se spre sud din raiduri asupra ținuturilor industriale, bombardierele inamice își aruncau uneori încărcătura ucigașă aproape de casă. Într-una din nopțile teribile, după ce sunase sirena de avertizare contra raidurilor aeriene, Dave și cu mine am fost luați rapid din așternuturile  noastre calde și duși, pe aleea grădinii, la Adăpost. Paturile suprapuse au fost pregătite. Lumânarile au fost aprinse și ochii noștri adormiți au început să se adapteze la întuneric. Elsie Marcella s-a întors din nou acasă să umple termosul, iar Charles să strângă mai multe perne.
  La ceva timp după ce ne-au părăsit, o explozie asurzitoare s-a produs în apropiere. Totul s-a zdruncinat, zgâlțâindu-se ca și când un cutremur, brusc, ar fi venit și trecut; într-o clipă cumplită, mi-am amintit de ororile focului din știrile de la Pathe. Unde erau mămica și tăticul nostru? Arseseră de vii undeva afară? Am început să bocesc. Fratele meu Dave a încercat să mă liniștească. Apoi ușa adăpostului s-a deschis din nou și, spre ușurarea noastră, mămica s-a ivit cu termosul și sandvișurile în brațe. A urmat o tăcere și, într-un târziu, un mormăit înfundat la intrarea tunelului. Charles și-a  făcut apariția, exact în stilul lui Bud Abbot (actor, comic și producător american, n.1897 –  m. 1974, n.tr.). A lăsat să-i cadă bocceluța și s-a văitat, maimuțărindu-se, despre cum fusese azvârlit de explozie în straturile sale scumpe de flori, cum frumoșii săi nemțișori fuseseră striviți și turul celei mai bune pijamale în dungi, înglodat cu noroi gros și roșu. Era înfuriat –  „LA ARME‟ (urla în mod literal) și „ACEL B********T DE ADOLF‟ era de vină! Din cauza confuziei noastre a obținut câteva chicote obosite. Ne-am așezat la o cină târzie și am așteptat zorile zilei.  (...)

Traducere de Elena Carmen Bobocescu
Universitatea din Bucureşti

Read more in CLH 2 (52) / March-April 2016

CLH - A JOURNAL FOR VALUABLE READERS

vineri, 4 martie 2016

BIBLIOTHECA UNIVERSALIS: DONALD ADAMSON (FINLAND-SCOTLAND)


Swing and Sway

Winter was long, then spring,
was barged aside as summer came
galumphing down the path. My love,
let’s welcome it
and will you put on that flowery dress,
the faded one you’ll say no longer fits,
and let it swing and sway in the warm air
as we walk? No need to hug (for that
was for the cold) nor to walk hand in hand,
but finger to finger, one crooked round
another. A staid couple,
we’ll amble in the sun to where the ice
makes tinkling sounds as it melts.

And look –
the bay is grinning at us,
winking lasciviously,
showing its jagged teeth like an old man
that once you wouldn’t have trusted
to come within a wave’s width of the shore!


Cullando l'onda

Lungo fu l'inverno, poi fu la primavera,
che si ritrasse appena l'estate giunse
scalpitando lungo il sentiero. Amor mio,
diamogli il benvenuto, e poi:
l'indosserai quel vestito a fiori,
quello un po' stinto che dicevi
che avresti smesso, e lo lascerai
ondeggiare e cullare nell'aria dolce
mentre andremo a spasso?
Non ci abbracceremo (quello era
quando c'era il gelo) né cammineremo
mano nella mano ma
agganceremo un dito una all'altro.
Coppia quieta e sobria, al modo antico.
Vagabonderemo nel sole fino a dove
i ghiacci nel fondersi tintinneranno.

E, guarda ora -
la baia ci sorride sghemba,
e ammicca senza pudore,
scoprendo i denti scossi, come un vecchio
che un tempo non avresti mai creduto arrivare
a meno d'una lunghezza d'onda dalla riva.

(from the English-Italian version of the book  
'Histories and Happenings. Storie e avvenimenti', Col. “Bibliotheca Universalis”)


About the Author

  Donald Adamson is a widely-published Scottish poet and translator, currently living in Finland. He co-founded the arts magazine Markings, and has been a prize winner in several poetry competitions. His poem ‘False Prophets’, which in 1999 on the Herald Millennium Poetry Competition, is buried in a time capsule under the walls of the Scottish Poetry Library. He is currently translating the poems of the Finnish Nobel-prize candidate Eeva Kilpi.
  Donald Adamson has been a honorary contributor of 'Contemporary Literary Horizon' since 2012.

About the Translator

  Marianna Piani (born 1973, Trieste) is an Italian artist, poet and translator. Her poetic creation is impressive in content and sizes, but until now, for personal reasons, she has any published book. Marianna Piani has been a honorary contributor of 'Contemporary Literary Horizon' since 2014.

Daniel Dragomirescu
BIBLIOTHECA UNIVERSALIS  
ALL THE WORLD IN A LIBRARY. 
TUTTO IL MONDO IN UNA BIBLIOTECA.


sâmbătă, 27 februarie 2016

FRENCH HORIZONS: JEAN-CLAUDE TARDIF


*
Sur la table le soleil traîne.
Je me souviens de la couleur des prunes
sur le lin de la nappe
et du vert amande
qui noyait les yeux du chat
lorsqu’il observait le vent dans la haie.
Un silence printanier s’étirait
dans son grand hamac bleu,
pendant que les heures gouttaient
une à une
dans la bassine de fer au fond du jardin.
Parfois le chat y buvait à petits coups de langue
après avoir griffé l'eau.
Un cri venait à nous,
puis un autre silence
plus profond peut-être
jusqu’au premier roucoulement de tourterelles
qui s’évadait du pigeonnier.

*
Un trait bleu, l’autre jaune,
la petite fille a grandi.
Elle ne se balance plus
sur la barrière du corps-de-garde,
et les flaques désormais
sont trop minces pour retenir
son reflet.
Mes cheveux, maintenant,
jouent avec l’hiver
et les ornières du chemin
qui reste.
Parfois elle m’y accompagne
d’un mot ou d’un souvenir,
il me semble alors que le temps
se rebrousse.

*
Pe masă soarele trenează
Îmi amintesc culoarea prunelor
pe  suprafaţa feţei de masă
şi de verdele migdalat
care îneca ochii pisicii
când el observa vântul prin gardul viu.
O tăcere primăvăratică se întindea
în marele lui hamac albastru,
pe când orele picurau
una câte una
în bazinul metalic din fundul grădinii.
Uneori pisica bea de acolo cu înghiţituri mici
după ce zgâriase apa.
Un strigăt venea până la noi,
apoi o altă tăcere
mai adâncă poate
până la primul gângurit al turturelelor
care evadau din colivia lor.

*
O dâră albastră, alta galbenă,
fetiţa s-a făcut mare.
Nu se mai dă în leagăn
pe bariera corpului de gardă,
şi băltoacele uneori
sunt prea subţiri pentru a reţine
oglindirea ei.
Părul meu, acum,
se joacă cu iarna
şi cu făgaşul drumului
ce rămâne.
Uneori ea mă însoţeşte
cu o vorbă sau cu o amintire,
îmi pare atunci că timpul
se întoarce.

Cultural Profile

   Jean-Claude Tardif (born 1963, Rennes) is a French poet, writer, publisher and cultural animator, also known as the editor of A l’index journal. In his opinion, “poetry is – above all – communication”. He recently participated in a poetry reading in Bordeaux (“Le Printemps des Poètes’, March 2014). He is a very prolific author who has published several books of poetry, short prose and novels so far: "De la vie lente" (1999), "L’Homme de peu" (2002), "Bestiaire de poche et d’ailleurs" (2003), "Bestiaire improbable" (2011), "Bestiaire minuscule" (2013), "La Nada”, "Six nouvelles pour l’Espagnol" (2009), "Post-scriptum au chien noir" (2012), "La Vie blanchit" (2014) etc.
     Jean-Claude Tardif est notre ami et collaborateur honoraire depuis 2014.

Profil cultural

     Jean-Claude Tardif (născut în 1963, la Rennes) este un poet, prozator, publicist şi animator cultural, cunoscut de asemenea şi în calitate de redactor şef al revistei “A l’index”. În opinia sa, “poezia este – mai presus de toate – comunicare”. Recent şi-a expus creaţia în faţa publicului local din Bordeaux (“Primăvara poeţilor”, martie 2014). Este un autor foarte prolific. Cărţi publicate (poezie, proză scurtă, romane): "Despre viaţa lentă" (1999), "Omul modic" (2002), "Bestiar de buzunar şi de altfel" (2003), "Bestiar improbabil" (2011), "Bestiar minuscul" (2013), "La Nada”, "Şase nuvele pentru Spaniol" (2009), "Post-scriptum la câinele negru" (2012), "Viaţa se albeşte" (2014) etc.
     Jean-Claude Tardif este prietenul şi colaboratorul nostru onorific din 2014.

Traducere de Daniel Dragomirescu

marți, 23 februarie 2016

ORIZONT LITERAR CONTEMPORAN 1 (51) / IANUARIE - FEBRUARIE 2016


CONTENTS. CUPRINS

EDITORIAL
Daniel Dragomirescu, “O privire retrospectivă. A Retrospective View”
ORIZONTURI CRITICE. CRITICAL HORIZONS
Mike Bannister, “Love and War in Worcestershire (1)”
Donald Riggs, “Bricolage with Words”
Ronnie Smith, “From the Middle East to Europe, the First Crusade in Reverse”
Gilvaldo Quinzeiro, “A criação que não foi obra de Deus”
Andréia Franco, “A informação e a contra- informação”
Anna Rossell, “Caminante, no hay camino...”
Eduardo Sanguinetti, “Una Argentina violente”
ORIZONTURI EPICE. NARRATIVE HORIZONS
Felix Martín Arencibia
Luis Benítez
Arturo Hernández Fuentes
Alexander Kudera
Daniel Dragomirescu
Ioana Gabriela Apetrei
ORIZONTURI POETICE. POETIC HORIZONS
Kamelia Spassova (Bulgaria)
Monica Manolachi (România)
Roxana Doncu (România)
Daniela Şontică (România)
Mihai Cantuniari (România)
Geo Vasile (România)
Daniel Bărbulescu (România)
Peter Storey (Australia)
John Tischer (Mexico – US)
Paul Mein (UK)
Portia Burton (UK)
Charlotte McDermott (UK)
Ludvig Holmdahl (Sweden)
Jean Claude Tardif (France)
Marina Centeno (Mexico)
J. Alfredo Cisneros de Jésus (Mexico)
Lea Diaz (Spain – US)
Leonor Tissie Garrido (Chile)
Anna Francisca Rodas Iglesias (Colombia)
Robério Barreto (Brazil)
Michela Zanarella (Italy)
Claudio Sottocornola (Italy)
Ettore Fobo (Italy)
INTERVIURI. INTERVIEWS (THE ROMANIAN VERSIONS)
Niza Todaro – Virginia Patrone (Uruguay)
Carmen Troncoso – Alfredo Perez Alencart (Chile)
EVENIMENTE. EVENTS
“Breaking News: Bibliotheca Universalis (62 – 70)”

BE PATIENT, PLEASE! COMING IN MARCH 2016

duminică, 14 februarie 2016

HORIZONTES INTERCULTURALES. INTERCULTURAL HORIZONS


En una tienda del campo

por Daniel Dragomirescu

...En esos años, las colas frente a los almacenes hacían parte del paisaje de nuestras vidas cotidianas. Con ellas nacimos y vivimos muchas generaciones y creo que la mayoría de nosotros las consideramos igual de inmortales como el sistema político cuyas marcas emblemáticas eran y de las cuales no podían separarse. La primera cola que recuerdo haber visto fue a los tres años en una pequeña tienda de C., un pueblo eminentemente gitano, cerca del monasterio Pasărea*, de la orilla del lago con el mismo nombre. No recuerdo exactamente si venía o me iba de ahí, pero esto tiene menos importancia. Quizás habíamos venido especialmente para comprar algo o quizás estábamos sólo de paso. Era verano, hacía mucho calor y frente a la puerta de la entrada de la tienda había un montón de gente, cosa que me llamó la atención como algo menos habitual. El vendedor no se veía, probablemente estaba adentro, detrás del mostrador, y al parecer lo único que vendía, generando automáticamente ese hacinamiento, eran unas galletas sueltas como unas tablillas rectangulares y adornadas, las habituales galletas populares, de buen sabor (si estaban frescas), pero que por culpa de la pobreza no las podías encontrar casi nunca, cada día o en cualquier lugar (en cualquier tienda de comestibles). Y mira que sucedió que una tienda campestre tuviera, precisamente en ese día de verano, lo que no se encontraba fácilmente ni siquiera en Bucarest, una situación aparentemente paradójica, con la cual, a medida que pasaban los quinquenales, la gente se encontraba cada vez más seguido: encontrabas botas de agua en la estación F.C. de Lehliu, crema de afeitar o pasta dentífrica de Urziceni, libros agotados en las librerías de la capital en una cooperativa de Brănești y motocicleta con sidecar en la cooperativa de Vidra… Creo que ese era el motivo por el cual entre los que hacían la cola se  se encontraban también unos bucarestinos, señores y señoras, también encontrándose por ahí de paso, después de haber bajado del coche de carrera para ir de visita al monasterio. Conmigo en brazos, mi padre se puso en la fila, pero la cola avanzaba como cualquier cola, muy lentamente. Los que salían de la tienda eran pocos y escasos y la cola parecía larga e interminable, como siempre en el campo, y muy desordenada: a cual más se abría paso a codazos y empujaba a la gente de alrededor, para llegar más rápido a la puerta de la tienda. Algunos, sin tomar en cuenta la fila, se metían en frente de los demás y llegaban a ser servidos y después salían con una bolsa de galletas populares en los brazos, con una sonrisa triunfadora casi incontrolable. Por lo visto, se daba sólo una cantidad limitada por persona, aún así el miedo de que la mercancía buena y rara se terminara exactamente cuando te tocaba, era realmente justificada. No sabía contar en ese entonces, pero desde los brazos de mi padre veía la multitud de gente alrededor de la entrada de la tienda y el antojo de ronzar galletas populares me volvían cada vez más impaciente. Era algo nuevo para mí también, lo creo. Hasta entonces en nuestro campo no tenía que empujarme no tenía que empujar a mi hermano o a otra persona (mi abuelo) y no tenía que esperar hasta que mi madre me diera de comer, y en el almacén del pueblo, donde el hacinamiento del mostrador tenía que estar al día, aún no había sido mandado porque estaba demasiado pequeño.      

Así que estaba mirando con los ojos grandes a la gente amontonada en la entrada de la tienda de Cozieni y sudaba y temblaba de inquietud e impaciencia. Pero mi padre esperaba pacientemente su turno y avanzaba paso a paso. Había atardecido y la luna ya estaba en el cielo cuando nos tocó, y detrás de nosotros la cola no se había disminuido para nada. Tuvimos suerte de que el coche de carga trajera suficientes cajas con galletas populares, producidos en la Fábrica "La Espiga" de Bucarest, en la tienda del pueblo y probablemente después iba a correr mucha agua en el río Dâmbovița hasta que el coche de abastecimiento llegara de nuevo, por muy grande que hubiera sido el pedido de galletas de los nativos de la antigua hacienda del monasterio Pasărea. Con la cara llena de gotas de sudor y satisfacción, mi padre puso en mis brazos la bolsa, de color ceniza,  llena de galletas y se abrió paso entre la muchedumbre, diciéndome que las comiera a todas. Eso fue justamente lo que hice, pero por primera vez en mi vida empecé a entender que vivíamos en un mundo donde las colas eran obligatorias en cualquier tienda donde se vendía algo.


     Nota: En traducción el nombre del monasterio es Pájaro, porque de acuerdo a una leyenda los monjes del Monasterio de Cernica han fundado (en 1811) este monasterio de monjas siguiendo el vuelo de un pájaro, un símbolo bien conocido del Espiritu Santo.

(fragmento de la novela “Hombres y marionetas”, en preparación)

Traducere de Ana-Maria Voicu
At a country shop

In those times queueing in front of the shops was part of our daily life. We were born and used to live with these queues for many generations and I think most of us considered them as everlasting as the socio-political regime which they stood for and from which they could not be separated.
The first queue I remember seeing was when I was about three years old, in a small shop from C., a genuine gipsy village, near Pasarea monastery, on the shores of the lake bearing the same name.
I do not recall exactly whether we were on the verge of arriving or leaving that village but this matters less. Perhaps we had come purposedly to buy something or maybe we were just passing by. It was summer and hot, and in front of the shop entrance there were lots of people, a fact which caught my attention as a bit odd.  The salesman was nowhere to be seen, perhaps he was inside, behind the counter, and it looked like all he had to sell were some bulk crackers, of a rectangular shape with fringed margins, the customary traditionally tasty (if freshly baked) crackers, which were difficult to find anywhere (in any food store), in those days of scarcity.
But right on that summer day, it happened that a village shop had on sale what one could not easily find even in Bucharest; an apparently paradoxical situation that people would come across more often during those quinquennials: one would find rubber boots in Lehliu Gara, shaving cream or toothpaste in Urziceni, books otherwise out of stock in the capital city’s bookshops would be found in a village cooperative in Branesti and sidecar motorcycles in Vidra...
I think this was the reason why among the queueing crowd there were some Bucharest folk, gentlemen and ladies, just passing by, who had jumped off their racing cars for a visit to the monastery.
Carrying me in his arms, my father was also queueing, but the queue went forward at a snail's pace, just as queues usually do. Those who came out of the shop were few and far between, and the queue seemed long and endless, and as always in the countryside it was very chaotic: people elbowing and pushing each other in eager rivalry to be the first to reach the shop's entrance.
Some of them, ignoring the order, would go in front of the others and managed to get served, so afterwards got out of the shop holding the cracker bag in their arms, hardly disguising a triumphant smile.
Apparently they were selling only limited quantities per person, but the fear that the good and rare merchandise would be finished just when your turn came was more than justified.
At that age I could not count, but  I could watch the human mayhem around the shop's entrance and my craving for crunching the popular crackers made me more anxious.  I think it was something new for me as well. Until then, in our home village, I did not have to shove my brother or anyone else (my grandfather) and wait until mother would feed me, as for the village shop, where the overcrowding in front of the counter must have been customary, I had not tried it as I was too small to be sent for shopping at that time.
So I was just looking with big round eyes at the people in front of the Cozieni village shop entrance, and I was sweating and trembling with excitement and impatience.
But my father was queueing patiently, taking one step forward after the other. It was getting darker and the moon was up in the sky when our turn came and behind us the queue was not getting smaller at all. We were lucky that the supply truck had brought to the village shop enough boxes with popular crackers, made by 'Spicul' bakery in Bucharest; most probably there would be a long time before the supply car would show up again, in spite of the high demand for popular crackers among those living on the former estate of Pasarea monastery.
With a sweaty yet satisfied face, while pushing his way out of the crowd, my father thrust the grey bag full of crackers in my arms telling me I could eat them all. This was exactly what I did, but for the first time in my life I began to understand I was living in a world where queueing was mandatory at every shop which had anything for sale.

 (fragment from the novel "Men and Puppets" - work in progress)

Traducere de Irina Secărescu
Corectură de Roxana Doncu